Finalista como Mejor Intérprete Femenina de danza en el Premio Max 2017, Luz Arcas, de la compañía LaPharmaco, nos lleva al folclor andaluz con todos sus símbolos.

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Finalista come Miglior interprete femminlile di danza al Premio Max 2017, Luz Arcas, della compagnia LaPharmaco, ci porta al folclore andaluso con tutti i propri simboli.

Spettacolo coprodotto con il Festival estival de Otoño de la Comunidad de Madrid, Toná è una ricerca delle origini, delle entie, delle razze e degli archetipi del Flamenco e della Spagna; una sintesi di passione e simboli, una sintesi di danza contemporanea e flamenco.

Sono queste, molto probabilmente, le intenzioni di Luz Arcas (direzione artistica, drammaturgia, spazio scenico e coreografia), Luz Prado (violino e elettronica) e Lola Dolores (voce, mano e percussioni). Intenzioni sincere che hanno dato corpo a un lavoro di ricerca sulla memoria collettiva, gli immaginari popolari, le feste e il folclore tanto tipico dei popoli spagnoli e, in questo caso in particolare, dell’Andalusia e del territorio di Málaga, dovce Luz Arcas torna e rimane più tempo di quello che pensava, a causa dell’infermità del padre e della pandemia.

Certamente, quello che porta allo spettatore è più che la ricerca di un nuovo linguaggio, capace di amalgamare danza contemporanea e flamenco, è la ricerca virtuostica di una ballerina e coreografa che parla con ogni frammento del proprio corpo e che ci sorprende con i simbolismi tratti dal mondo taurino e delle feste spagnole.

Come dichiarato dalla stessa Arcas, questo spettacolo deve molto e ha molto a che vedere con la ballerina di Managua Trinidad Cuenca (1857 – 1890), una pioniera del flamenco, prima a vestirsi come un uomo, con costumi da torero, e una delle prime a utilizzare la tecnica del flamenco zapateado. Toná è allora uno spettacolo che tutti i propri segni e simboli è una sintesi tra significati e significantiche affascinano e attraggono, ma che forse rimangono senza una identità concreta.

Se l’intenzione di Arcas è dare input allo spettatore e lascialo libero di interpretare, Toná è già a metà strada; anche se ci sono diversi elementi che non sono del tutto comprensibili a livello visuale, come l’altare parzialmente illuminato ma che, benvisibile alla destra della scena, per tutta la messa in scena rimane al margine senza un utilizzo che fosse simbolico, drammaturgico o estetico. Semplicemente rimane lì: è parte dello spettacollo però, a parte in alcuni brevi momenti in cui la stessa ballerina Luz vi interagisce, continua a essere un elemento accessorio e voluminoso. Questo altare è un simbolo o è semplicemente scenografia? Lo stesso si potrebbe dire dell’utilizzo della bandiera spagnola al termine dello spettacolo: di fatto, si sarebbe potuto concepire uno spettacolo con il solo movimento dei peidi de Luz Arcas, che si muovono imperterriti e sono il nucleo, il quid e la spina dorsale della propria partitura fisica, delle sue danze ataviche, del proprio stare sulla scena e nessuno mette in dubbio la performance in sé. Tuttavia, l’utilizzo della bandiera, anche se ha molte referenzie con le feste del popolo, rimane  sempre a metà, tra significante e significato.

Oggetto complementare per la danza e/o elemento scenografico, ci porta tutta la propria potenza e forza, con tutti i suoi colori, però si rimane sempre in questo inter-regno significante/simbolo/significato. Buona la sincronia tra le tre, anche se, in alcuni momenti, è proprio questo “eccesso di sincronia” a “macchiare” l’azione scenica. Dunque, se è evidente che Toná voglia rivendicare la voce collettiva, il foclore e l’amina delle proprie radici andaluse, il modo in cui lo fare e con quali simboli e obiettivi intendere arrivare al pubblico non risulta del tutto efficace. Molta passione, molta ricerca, ma poca direzione di scena.

[riduci]

Espectáculo coproducido con el Festival de Otoño de la Comunidad de Madrid, Toná es una búsqueda de los orígenes, de las raíces, de la historia y de los arquetipos del Flamenco y de España; una unión de pasión y símbolos, una unión entre danza contemporánea y flamenco.
Estas son, muy probablemente, las intenciones de Luz Arcas (dirección artística, dramaturgia, espacio escénico y coreografía), Luz Prado (violín y electrónica) y Lola Dolores (voz, palma y percusiones).
Intenciones sinceras que han dado cuerpo a un trabajo de investigación sobre la memoria colectiva, los imaginarios populares, las fiestas y el folclor tan típicos de los pueblos españoles y, en este caso en particular, de Andalucía y del territorio de Málaga, donde Luz Arcas vuelve y se queda más tiempo de lo que pensaba, debido a la enfermedad de su padre y a la pandemia.
Sin embargo, lo que llega al espectador es más la búsqueda de un nuevo lenguaje, capaz de amalgamar danza contemporánea y flamenco, es la búsqueda virtuosística de una bailarina y coreógrafa que habla con cada fragmento de su cuerpo y que nos sorprende con los simbolismos sacados del mundo taurino y de las fiestas españolas.

Como declarado por la misma Arcas, este espectáculo debe mucho y tiene mucho a que ver con la bailaora managüense Trinidad Cuenca (1857 – 1890), una pionera del flamenco, primera a vestirse como un hombre, con trajes de torero, y una de las primeras a utilizar la técnica del zapateado flamenco. Toná es un entonces un espectáculo que con todos sus signos y símbolos es una síntesis entre significados y significantes que fascinan y atraen, que pero quizás se quedan sin una identidad concreta.
Si el intento de Arcas es dar inputs al espectador y dejarlo libre de interpretar, Toná se encuentra ya mitad de la ruta; aunque hay muchos elementos que no son del todo aceptables a nivel visual, como el altar parcialmente iluminado pero bien visible a la derecha del escenario y que por toda la función se queda al margen sin una utilización que sea simbólica, dramatúrgica o estética.
Simplemente se queda allí: es parte del espectáculo pero, a parte en algunos breves momentos en los cuales la misma danzadora Luz interactúa con el, continua siendo un elemento accesorio y voluminoso. ¿Ese altar es un símbolo o es simplemente escenografía? Lo mismo se podría decir del utilizo de la bandera española al final del espectáculo: de echo, se podría hasta concebir un espectáculo con sólo el movimiento de los pies de Luz Arcas, que se mueven impertérritos y son el núcleo, el quid y la espina dorsal de su partitura física, de sus danzas atávicas, de su estar en el escenario y nadie cuestiona la performance en sí. Pero el utilizo de la bandera, aunque tenga muchas referencias con las fiestas de pueblo siempre se queda a mitad, entre significado y significante.

Objeto complementar para la danza y/o elemento escenográfico, nos llega toda su potencia y fuerza, con todos sus colores, pero siempre nos quedamos en este interregno significante / símbolo /significado. Buena la sincronía entre las tres, aunque, en algunos momentos, es justo esta “excesiva sintonía” que “mancha” la acción escénica.
Entonces, si es evidente que si Toná quiere reivindicar la voz colectiva, el folclor y el alma de sus raíces andaluzas, el cómo lo quiere hacer y con cuales símbolos y objetivos quiere llegar al público no resulta del todo eficaz. Mucha pasión, mucha investigación, pero poca dirección de escena.

El espectáculo se ha representado en el
Teatro de la Abadía
Calle de Fernández de los Ríos, 42 – Madrid
28 – 31 de enero jueves, viernes y sábado 19:30
domingo 18:30

Toná
dirección artística, dramaturgia, espacio escénico y coreografía Luz Arcas
asistencia escénica y coreográfica Abraham Gragera
dirección musical y composición Luz Prado
acompañamiento dramatúrgico Rafael SM Paniagua
baile Luz Arcas
violín y electrónica Luz Prado
voz, palma y percusiones Lola Dolores

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